Su primera vez no fue como le prometiste, aunque ella diga que sí, que fue la mejor noche de su vida, que gracias. Y en su interior el tiempo la sumerge en tu oprobio. En realidad perdiste la apuesta por mucho que alardees con tus amigos y les hagas creer que te la llevaste a la cama por lo fácil, y que había que oírla gritar de placer (o de dolor).

Te entregó su tristeza, y no supiste qué hacer con los cristales rotos. La línea recta que antes te servía de guía, ya no conduce hasta la curva de su sonrisa.

Perdiste. Perdiste tú. Apagaste una «primera vez» y bajaste el volumen a la música de sus tacones. Solo que ella sigue levantando pieles con la mirada, mientras desata tormentas en un kilómetro cuadrado con vistas al mar.

Publicado por Alejandro Poetry

Un costal de carne y hueso, prescindible; rumbo a la Nada. Y tú, vienes conmigo.

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