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Anoche soñé que estaba en mi propio velatorio. Me acerqué a la caja fabricada con madera de pino y forrada con tela negra, desgastada, sucia, con peste a mierda de ratón. Tras el cristal se dejaba ver un rostro de espanto. Comencé a gritar; era un grito de victoria, un desespero agradable. Apoyé las manos sobre la caja y observé, con detenimiento, el círculo luminoso que la soga dejó en mi cuello. «Un ahorcado más. La gente está loca», escuché decir a una vieja de setenta años, creo que era mi vecina. «Vieja puta, tú deberías ser la próxima», recuerdo que le dije, pero no me escuchó. En realidad, nadie sabía que yo estaba allí. Supongo que no podían verme, o me ignoraban. De cualquier forma, yo ya estaba muerto.

Publicado por Alejandro Poetry

Un costal de carne y hueso, prescindible; rumbo a la Nada. Y tú, vienes conmigo.

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