El autoengaño como subterfugio para creer que algo es aún posible. La distancia golpeándome en la cabeza con un mazo de acero. Moribundo, blasfemo contra esta isla jaula. Rezo los versos de Virgilio: «La maldita circunstancia del agua por todas partes me obliga a sentarme en la mesa del café. Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer hubiera podido dormir a pierna suelta». Moriré sin haber llegado a la otra orilla, pero solo dejaré de nadar cuando pierda los brazos.

Publicado por Alejandro Poetry

Un costal de carne y hueso, prescindible; rumbo a la Nada. Y tú, vienes conmigo.

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