Descorres la cortina que hace de puerta en mi habitación. Entras como si nada, como si todo. «¿Triste otra vez?» , preguntas. «Deja de mirarme con esa cara de animal enfermo, por dios. ¿Qué carajos te pasa?». Te sientas en el borde de la cama. Me miras a los ojos, enfadada. «Sigue llorando, marica, tú no me engañas ¿Ya te rompieron el culo?», increpas. «¿Te vas a quedar callado? Está bien. Si así lo prefieres, no pienso molestarte más». Sales de mi habitáculo. «No me vuelvas a llamar para esto, ¡me oyes! Yo soy puta, no tu pañuelo de lágrimas», gritas desde el portal. Te marchas. Hasta nunca.

Publicado por Alejandro Poetry

Un costal de carne y hueso, prescindible; rumbo a la Nada. Y tú, vienes conmigo.

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