Mis blasfemias no trascienden las paredes de mi habitación. El odio que siento por mí no resiste un día soleado en la plaza, mientras se oyen las campanas anunciando misa. Salir de mi impermeabilidad me aleja, por unas horas, del horror de ser yo mismo.

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Publicado por Alejandro Poetry

Un costal de carne y hueso, prescindible; rumbo a la Nada. Y tú, vienes conmigo.

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