Pobre Cristo. Hoy es lunes y pienso en Cristo como un hijo piensa en su padre ausente con la esperanza de que algún día regrese. Pobre de mí: crucificado sin cruz. Padre, ¿por qué me has abandonado?

Mi padre era un negro robusto, mujeriego y buena gente. Se quejaba poco. Lloraba a oscuras, como lloran los hombres débiles. Pero era mi padre, ¡y cómo lo necesito!

Padre se marchó una tarde de abril, un abril sin primavera, y desde entonces no he vuelto a saber de él. Ni cartas ni llamadas. Ninguna señal suya en diecisiete años.

Padre, podría haberte amado si no hubieses clavado una lanza en mi costado.

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Publicado por Alejandro Poetry

Un costal de carne y hueso, prescindible; rumbo a la Nada. Y tú, vienes conmigo.

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