Durante los once años que visité la iglesia hicimos innumerables viajes a diferentes lugares, incluyendo retiros de jóvenes en seminarios cristianos y acampadas en el bosque. Por entonces tenía amigos y amigas. Con todos me llevaba bien. Sin embargo, nunca me sentí parte del grupo. ¿Han visto esas pelis donde los chicos están alrededor de una fogata contando historias, y hay un chico que se queda fuera, apartado del grupo, taciturno? Ese chico soy yo. Mientras mis compañeros disfrutaban yo me apartaba, triste y depresivo. A veces, hasta venían a buscarme: “Ale, ¿qué te pasa? ¡Ven con nosotros!”, recuerdo que me dijo Alicia, con esa voz tan melódica de la que estuve enamorado tanto tiempo. Al final me fui de la iglesia bajo la excusa de que Dios no existe, pero poco me importaba realmente la existencia o inexistencia de Dios, el problema era conmigo. Un problema interno que perdura hasta hoy.

Me he condenado al ostracismo, convertido en una especie de hikikomori tropical. Me gustaría regresar a esos años e intentar cambiarlo todo, aunque falle de nuevo.

Publicado por Alejandro Poetry

Un costal de carne y hueso, prescindible; rumbo a la Nada. Y tú, vienes conmigo.

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1 comentario

  1. “Al final me fui de la iglesia bajo la excusa de que Dios no existe”. Creo que eso lo podemos suscribir unos cuantos, pero no me había dado cuenta hasta leerte. Muchas gracias por tu reflexión-relato. Un saludo.

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