Blog, literatura, reseña de libros

Hacia rutas salvajes

Christopher-McCandless-Copy

Chris McCandless, un joven norteamericano de 24 años, luego de graduarse en 1990, cambió de nombre, abandonó su auto, donó 24.000 dólares y quemó el dinero que llevaba en los bolsillos. Vagó por América del Norte en busca de experiencias nuevas; al margen de su familia, quienes desconocían su paradero y propósitos. En abril de 1992 llegó a Alaska haciendo autostop, para adentrarse a vivir en el bosque. Armado con un rifle Remington, un costal de arroz, unas botas de caucho y conocimientos básicos sobre la vida salvaje, se instaló a vivir dentro de un autobús abandonado. Cuatro meses más tarde unos cazadores de alces encontraron su cuerpo en estado de descomposición.

9788490694978En 1996 el escritor y periodista Jon Krakauer escribió la biografía de Chris en un libro que tituló: Hacia rutas salvajes. Mismo libro que inspiró la película dirigida por Sean Penn, en 2007.

Chris creció en un barrio residencial de Washington D.C. Era el hijo «perfecto» de la familia «perfecta». Con excelentes resultados académicos y apasionado por el atletismo. El idealismo de Chris, su espíritu apasionado, su obsesión por la independencia, la libertad, los libros de autores como León Tolstoi y Jack London, lo llevaron a tomar la decisión de transformar su vida para siempre, y lo hizo de la manera más salvaje y radical:

«Por fin se había liberado de las ataduras, emancipado del mundo opresivo formado por sus padres y los que eran iguales que ellos, un mundo hecho de abstracciones, seguridad y bienestar material, un mundo en el que sentía como una dolorosa amputación la ausencia del latir puro y salvaje de la existencia.

Al escapar de Atlanta y dirigirse hacia el oeste, pretendía inventarse una vida radicalmente nueva, una vida en la que sería libre y podría sumirse en una experiencia desprovista de filtros. Para simbolizar la completa ruptura con su vida anterior, llegó incluso a adoptar una nueva identidad. Ya no respondería al nombre de Chris McCandless, sino que iba a ser Alexander Supertramp, dueño de su propio destino».

Aunque para muchos Chris no era más que otro bohemio suicida con ideas surrealistas, fue capaz de desatarse de los convencionalismos sociales y decidir vivir la vida que él quería, emprender un rumbo desconocido, ser sorprendido por la naturaleza, presto a su llamado. Al final, ausente del mundo ordinario, vivió como deseó, aunque la vida no demoró en pasarle factura. Porque la naturaleza solo es romántica cuando lo somos con ella.

christopher-mccandless

La historia de McCandless me inspira en el bregar de mi propia existencia. Me invita a cuestionar el orden «normal» de las cosas. ¿Por qué sujetarme a un poder que no he creado, y a unas leyes que no he hecho? Es un punto de inflexión en mi derrotero.  El asco hacia lo material, la rutina, el estado, la colectividad; asco hacia mi propia existencia.

Cuando salgo a la calle, las pocas veces que lo hago, tengo la esperanza de reconocerme en otros rostros, pero solo veo seres desahuciados que fingen la sonrisa. Incapaces de reconocer que se están hundiendo en su propia miseria humana. Y eso me jode.

 Soy un trozo de mierda que ha alcanzado un estado de lucidez tan abrumador que cualquier acto de la vida me parece irracional.

Al principio, y a raíz de un test online, pensé que tenía trastorno límite de la personalidad (TLP), pero luego, en ejercicio de introspección, supe que realmente lo que me sucede es una depresión crónica, ante la imposibilidad de transformar el sistema que me oprime y me somete a su voluntad. No soy libre, ni feliz.

Algún día, si no me suicido antes, saldré de casa y no regresaré jamás. Hacia rutas salvajes, quién sabe.

 

Anuncios

10 comentarios en “Hacia rutas salvajes”

  1. Vi esta peli y me encantó! Aunque conozco casos parecidos no son tan radicales y con finales felices! Se de gente que con su poco dinero ahorrado se fue a otro país donde la vida es más fácil y abrió algo para poder vivir, salir del sistema y ser más libre, vivir con lo mínimo pero ser feliz! Mi idea es algún día irme con mi dinero ahorrado y crear un centro de buceo, mo hobbie!😊

    Le gusta a 1 persona

  2. Siento lo mismo que escribes y algo que me libera y me ayuda a continuar intentándolo es escribir.
    Sal a la calle y acércate a los centros sociales (okupas) y relacionate, habla, comparte, discute y enfádate. Pero lo que no debes hacer es encerrarte en ti mismo.
    Salud y libertad.

    Le gusta a 1 persona

  3. Amigo bloguero : La juventud se diferencia de la vejez en que su vitalidad le obliga a descubrir cada día una nueva aventura. Esta aventura consiste en adaptarse al medio en que se encuentra ese día. Yo como persona muy mayor (setenta y tres) me atrevo a indicarte (ningún hombre debe decir a otro lo que debe o no debe hacer) que, esa apasionante aventura que todos deseamos y soñamos, está fuera de tu domicilio, primeramente casa , luego calle y finalmente otra región o país; pues el ser humano al igual que sus congéneres del resto animal, tiene marcado un camino y un objetivo que, no es otro que ser autónomo (libre) y decidir su destino y para eso no tiene mas remedio que salir del nido. Debo indicarte igualmente que, mi progreso (si es que he avanzado) se ha debido a que con diecisiete años salí del hogar materno/paterno. También debo agregar que para dar ese gran salto no tenemos que imitar al sujeto de tu entrada y de forma drástica lanzarnos directamente a la selva o a otro medio hostil al que no estemos habituados (eso son películas y novelas) debemos hacerlo de forma progresiva.
    Ne ha gustado tu entrada aunque al final nos deje una peligrosa incógnita. Un saludo.

    Le gusta a 2 personas

  4. Un gusto que se tome el tiempo de comentar en mi bitácora, muchas gracias. En mi caso hubiese salido de Cuba desde hace años, lejos de mi madre y de los conocidos, para aventurarme en otro país, en busca de autonomía y felicidad. Pero, querido amigo, no puedo salir de Cuba por varios motivos, ajenos a mi voluntad.

    Me gusta

  5. Muy interesante, el cuestionamiento de la existencia. El orden “normal” es el orden social, el adquirido y aceptado de modo común y cultural e impuesto al mismo tiempo, bien con leyes bien por arraigo. Tras el relato me gusta tu reflexión:

    “La historia de McCandless me inspira en el bregar de mi propia existencia. Me invita a cuestionar el orden «normal» de las cosas. ¿Por qué sujetarme a un poder que no he creado, y a unas leyes que no he hecho?”

    Un saludo! 🙂

    Le gusta a 1 persona

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s